«Madrid no arreglará esto con represión y encarcelamientos»

Nació en Buenos Aires, en 1931. En las últimas cuatro décadas, este escultor, arquitecto y militante pacifista se ha convertido en una de las referencias de la defensa de los derechos humanos. Su labor, reconocida con el Nobel en 1980, le llevó a ser detenido durante la dictadura de Videla, que llegó a subirle, esposado, a uno de los aviones desde donde arrojaban a los desaparecidos.

 

Alberto PRADILLA |

Adolfo Pérez Esquivel conoce bien los entresijos del conflicto vasco. Lo ha seguido de cerca desde hace casi dos décadas. Ya en 1995, durante la última etapa de los gobiernos de Felipe González, el premio Nobel de la Paz trató de establecer cauces de negociación entre el Estado y ETA. La escasa voluntad del Ejecutivo del PSOE, así como la llegada al poder de José María Aznar, frustraron aquel intento. A pesar de todo, Pérez Esquivel no se ha rendido a la hora de buscar una salida dialogada. Reivindicó la importancia de un momento histórico como el frustrado proceso desarrollado entre 2005 y 2007 y, durante los últimos años, ha denunciado la «falta de propuestas» del Gobierno español. A principios de mes, el premio Nobel encabezaba una carta firmada por 50 personalidades argentinas en la que exigían la liberación de Arnaldo Otegi y se felicitaban por el «éxito electoral de Bildu». En una entrevista telefónica concedida a GARA, expresa su preocupación por la apuesta represiva del Estado y exige la libertad de Otegi.

El juicio por el «caso Bateragune» se ha convertido en el ejemplo de la criminalización de las vías políticas para la resolución del conflicto vasco. ¿Cómo valora el hecho de que Arnaldo Otegi, junto a otros acusados, permanezca todavía en prisión?

Es una injusticia que Arnaldo Otegi haya sido procesado y encarcelado. Es un hombre que siempre estuvo trabajando por una salida política y no por una solución violenta. Sus posiciones han sido muy claras en todo momento. Yo le conozco personalmente y he conversado con él en reiteradas ocasiones para encontrar una salida política a la situación de Euskal Herria. Esperemos que sea puesto en libertad y que pueda seguir trabajando para lograr una solu- ción justa. Arnaldo Otegi no es un hombre que haya actuado en la lucha armada, es un hombre que siempre buscó una solución política. No sólo se le niega esta solución, sino que es encarcelado. Aquí hay una situación de injusticia. El Gobierno debe revisarla y buscar una salida.

¿Ha tenido la oportunidad de seguir de cerca los avances registrados durante el juicio?

Lo he seguido parcialmente, porque aquí no se publica demasiada información al respecto. Recibo información a través de correos electrónicos y de amigos que tratan de informarme. De todos modos, esperemos que todo esto tenga una salida justa y que puedan reiniciar la actividad social. No puede ser que aquellos de los que se sospecha que pueden estar vinculados con ETA sean discriminados y separados. También pien- so que ETA debería hacer una autocrítica muy seria sobre todo su accionar. No podemos ver las cosas de un solo lado. El País Vasco necesita resolver sus problemas a través de una solución justa.

La izquierda abertzale ha dado pasos hacia la consecución de un escenario democrático. Sin embargo, el Gobierno español responde con mayores exigencias. ¿Cómo valora la actitud del Ejecutivo de Madrid?

Errática, falta de claridad y de propuestas. Esto no se arregla con la represión, con la separación o el encarcelamiento por sospechas. El Gobierno español y el PP se han aliado para evitar cualquier solución política. Y esto es lo preocupante. Cuando estuve allí trabajando para ver si se podía conseguir una solución, pude comprobar la situación de los presos. Deberían de estar cerca de sus familias por una cuestión humanitaria y de derecho, y no ser víctimas de esta dispersión que, por culpa de la política del Gobierno español, también afecta a sus familiares.

¿Esperaba otra reacción por parte del Gobierno español ante estas iniciativas?

Esperaba una actitud más amplia, de diálogo, de resolver el conflicto. Lamentablemente, no es así.

No parece que un previsible cambio de gobierno en Madrid pueda ayudar a variar la actitud española…

Hasta ahora han demostrado una falta total y absoluta de voluntad para buscar soluciones y han apostado por las medidas represivas, como ocurre con el caso de Otegi. Buscan silenciar los problemas de un pueblo que quiere abrir instancias de diálogo. Éste es un problema de toda España y del pueblo vasco, que debe de ser escuchado para encontrar una salida.

¿Cómo valora las iniciativas emprendidas tanto por la izquierda abertzale como por ETA, que ha decretado una tregua permanente, general y verificable?

Me parece bien que haya hecho un alto a la lucha armada. Pero esto no resuelve el problema del País Vasco. El protagonista principal debe de ser el pueblo vasco. Esto no es un problema entre ETA y el Gobierno español. Deben de abrir las instancias de diálogo. En toda negociación hay exigencias de mínimos, intermedias y de máximos. Hay que ver hasta dónde se puede llegar para encontrar una sali- da que sea justa para todas las partes.

Usted ya participó en un intento de mediación durante los años 90. ¿Ha podido hablar ahora con algún miembro del Gobierno para contrastar ideas sobre la actual situación?

No, con el Gobierno no. Pero, lógicamente, estamos preocupados y siguiendo de cerca que esto pueda tener una salida. Eso es lo que nos preocupa. En general, España todavía tiene muchas asignaturas pendientes. No sólo con el País Vasco, sino también con todo lo que ocurrió durante la guerra civil española. No quieren memoria, ni verdad, ni justicia. Es un poco, como decimos por estos lados, la política del avestruz, que esconde la cabeza pero deja todo el cuerpo a la vista.

Usted, cuando trató de mediar, ya sufrió lo que ahora está padeciendo el abogado sudafricano Brian Currin: un intento de desprestigio para minar su labor de mediación.

Eso es querer ocultar los problemas, y los problemas hay que enfrentarlos y resolverlos, no tratar de desprestigiar a aquellos que intentan ayudar. Al contrario. Deberían tener un poco más de amplitud de conciencia.

¿Qué papel le corresponde a la comunidad internacional?

Seguir insistiendo en que el Gobierno tenga una actitud de diálogo y de apertura. Hay conflictos en el mundo que deben de resolverse a través del diálogo y no de la represión o la violencia de ninguna de las partes, ni de ETA ni del Gobierno.

«Prefiero la diplomacia discreta a las negociaciones abiertas»

¿A quién considera que le corresponde mover ficha en el actual momento político?

Es el Gobierno el que tiene que dar los próximos pasos. ETA tiene que dejar a un lado la lucha armada y buscar una solución política, pero el Gobierno debe de tener la apertura necesaria para ayudar a encontrar una solución. El primer paso sería la liberación de Arnaldo Otegi. Después, formar una mesa de diálogo, donde podría contar con la ayuda de organizaciones internacionales. De todos modos, no soy partidario de las negociaciones abiertas. Creo más en la diplomacia discreta, en la diplomacia silenciosa.

Si no, todo esto termina contaminado por los medios de comunicación y no lleva a nada.

Se ha intentado y no ayuda. Y aquí hay que ayudar. Creo más en la diplomacia discreta, silenciosa. Hay organizaciones internacionales que tienen experiencia en esto, que han trabajado en Irlanda del Norte y en otra serie de conflictos y que sería bueno que sean consultadas para poder avanzar en otras direcciones.

Usted recibió el premio Nobel de la Paz y en este conflicto han habido muchos de quienes se ha dicho que aspiraban a obtenerlo. ¿Cree que alguien logrará este galardón por su labor en la pacificación de Euskal Herria?

El premio Nobel es un instrumento al servicio de los pueblos. Si no, no sirve. Lo importante aquí no es buscar premios, sino encontrar soluciones. Los premios, si vienen, vienen. Pero lo más importante es encontrar soluciones a la vida de los pueblos.

Entonces, ¿es optimista? ¿Cree que están cerca las soluciones para Euskal Herria?

Yo siempre soy optimista. Si no, no llevaría trabajando en esto más de 40 años. Y sigo trabajando. En América Latina tenemos muchísimos conflictos. Ahora estamos trabajando sobre los problemas territoriales. Problemas de tierra de las comunidades indígenas, que los siguen reprimiendo, que los siguen matando, que los siguen expulsando. En otra escala, lo que se está viviendo en muchas partes del mundo. A.P.

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