bla bla bla…

Y bla, bla, bla…

(Un artículo del periodista Vázquez de Sola, en exclusiva para
inSurGente).- Cuando alguien quemó la biblioteca de Babilonia, sus coetáneos
decidieron ocultar el nombre del pirómano para castigar su hazaña condenándolo al
anonimato.

Por otra parte, el gran Victor Hugo consideraba un privilegio ser motivo
de habladurías: Que hablen, que hablen, aunque sea bien, dicen que dijo.

Estos días se está hablando, en demasía, de un mindundi ridículo en su
egolatría, orgulloso de sí mismo al saberse marioneta-estrella del Bipartido
Único, perrito faldero que gruñe y muerde al oír la voz de su amo.

Tampoco vamos a rememorar sus persecuciones reales y efectivas contra
inocentes –todos lo somos hasta demostrarse lo contrario-, obediente a la
consigna cuando la conveniencia partidista lo aconsejaba, aplicando leyes
injustas y coyunturales en interpretaciones fantasiosas de la Constitución, tan
cacareada como violada, según las necesidades del momento.

No, no tengan miedo, no vamos a nombrarlo, por las mismas razones que
movieron a los babilonios e inspiraron la frase de Victor Hugo.

Nos limitaremos a recordar un brindis al sol, un viva-cartagena
oportunista, un amago de proceso ficticio, a sabiendas de la imposibilidad de
llevarlo a término, como fue el de Pinochet, preámbulo del que ahora la mano
inocente del trilero saca del cubilete, aun más estúpidamente mendaz: El de
Franco y el franquismo, con treinta y muchos años de retraso y justo cuando se
hace necesario distraer a cinco millones de parados, camuflando los
millones de euros distraidos por los corruptos (sinónimo de político) del
Bipartido. Único.

¿Nos toman por idiotas? Si difícil era empapelar a Pinochet, hacerlo con
Franco es absolutamente imposible en esta España real, regida por las
lombrices engordadas en los intestinos purulentos del egregio cadáver; siempre de
acuerdo, incluso en vocear inquinas pírricas trufadas de tongos.

Que sería justo, legítimo, comprensible, imprescindible, aclarar, juzgar y
condenar los crímenes franquistas, no hay quien lo dude, pero no pueden
hacerlo ni ellos ni él. Por eso, hablar de este asunto, hoy por hoy, es
hablar, hablar y solo hablar por hablar. Y acariciar el ego del pirómano de
las hemerotecas vascas, aireando su nombre.

El mindundi togado y sus amos del Bipartido Único saben que no pueden
tirar de la manta, porque ellos son la manta.

Tirar de la manta, verdaderamente, sin triquiñuelas ni falacias, ellos no
podrían consentirlo: significaría barrerlos, volviendo a la legalidad de la
Segunda Republica y, desde esa legalidad, tras el periodo necesario para
poner al día la Constitución del 31, dar paso a la Tercera,

Lo demás es hablar por hablar, aunque sea mal…

insurgente.org

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